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La Ley 73 del IMSS: el colchón de los que llegaron a tiempo, la trampa de los que no

La Ley 73 del IMSS es un fósil legal que sigue vivo y pataleando. Básicamente, permite que trabajadores que cotizaron antes de cierta fecha se jubilen con un esquema de pensión que hoy es prácticamente una reliquia comparado con lo que les espera a los jóvenes.

Aquí está el asunto en crudo: si entraste al IMSS hace años y cumples con los requisitos, te puedes ir a casa con una pensión calculada de forma mucho más generosa que la que recibirá quien se incorpore hoy. No es magia, es política pura. El gobierno, en su momento, permitió que los trabajadores que llegaron temprano al sistema se llevaran los mejores beneficios. Los demás, que se arregle como pueda.

¿Quién gana? Cualquiera que esté cerca de la edad de jubilación y calce en los requisitos de esta ley. Son trabajadores que actuaron bien, cotizaron religiosamente, y ahora pueden respirar porque su retiro estará relativamente blindado. Para ellos, es literalmente la diferencia entre tener un retiro digno o pasar hambre a los 65 años.

¿Quién pierde? Todos los demás. Los trabajadores jóvenes que entren al IMSS hoy cargarán con un sistema más quebrado, con pensiones más bajas y requisitos más estrictos. Y las empresas que contraten a estos jóvenes también pierden, porque tienen que aportar más al sistema mientras ven cómo sus cuotas se diluyen entre pensionados que tienen beneficios grandiosos.

El Estado tampoco sale bien parado. Cada año que pasa, el sistema de pensiones es más insostenible. Los actuales jubilados bajo la Ley 73 reciben más de lo que contribuyeron, y alguien tiene que pagar esa diferencia. Adivina quién. Exacto: los trabajadores activos y el presupuesto público, que es dinero de todos.

En la práctica, esto significa que si eres empresario pequeño, tus cargas fiscales y de contribución no bajan. Si eres trabajador joven, tu futuro está hipotecado. Y si eres cercano a jubilarte pero no calificas para la Ley 73, tienes un problema de película de horror.

Lo perverso es que la ley sigue siendo perfectamente legal y válida. No hay nada ilícito en aplicarla. Pero es un ejemplo clásico de cómo el Estado puede ser formalmente correcto e injusto de fondo simultáneamente. Permitió beneficios excesivos a los veteranos, sabiendo que la generación siguiente pagaría el precio.

La Ley 73 es un privilegio congelado en tiempo. El que llegó a tiempo, ganó el lotería. El que no, está jodido. Y mientras tanto, el sistema se cae a pedazos y nadie en el poder quiere tocar el tema porque afecta a votantes con capacidad de reacción.

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