El gobierno federal se jacta de impulsar la apertura de 47 hospitales del Instituto Mexicano del Seguro Social. Suena bien en un comunicado. Pero cuando desglosas los números, la realidad es mucho más modesta: apenas siete funcionan, 21 están todavía en construcción y diez más abrirán en los próximos diez meses. El resto, simplemente, no tiene fecha clara.
Esto es lo que realmente está pasando: el gobierno cuenta como “logro” hospitales que ni siquiera existen todavía. Es un truco viejo de la comunicación gubernamental, pero efectivo. Anuncia 47 para que los titulares digan “47 hospitales”, aunque la mayoría siga siendo un hueco en la tierra o un cascarón en construcción.
¿Quién se beneficia con este anuncio? Primero, la administración federal, que puede presumir un plan ambicioso de expansión del IMSS. Segundo, los contratistas y empresas constructoras que están ganando dinero con las obras. Lo interesante es que ni siquiera sabemos cuántos de esos contratos fueron adjudicados sin licitita pública o con procesos cuestionables, porque eso no aparece en el comunicado.
¿Quiénes pierden? Los derechohabientes del IMSS. Porque mientras el gobierno juega con las cifras, la realidad en los hospitales existentes sigue siendo la misma: falta de medicinas, personal agotado, camas insuficientes. Un paciente que necesita atención hoy no puede esperar diez meses a que abra un hospital nuevo. Para él, el anuncio es tan útil como un paraguas en la lluvia.
También pierden los trabajadores de salud. Más camas y servicios significan, teóricamente, mejor distribución de la carga. Pero eso solo si los hospitales abren completos, equipados y con personal suficiente. Sabemos por experiencia que eso no siempre ocurre. Muchas veces, los nuevos hospitales abren sin los especialistas necesarios o con presupuesto insuficiente.
El timing tampoco es casual. Este tipo de anuncio se hace cuando la crisis de salud sigue siendo un dolor de cabeza político. Decir “47 hospitales” es un globo de aire caliente que intenta tapar la verdad: el IMSS sigue siendo insuficiente para la demanda real. Con 47 nuevas unidades, que apenas representan un aumento marginal en la red nacional, no se resuelve el problema estructural del sistema.
Lo grave es la opacidad. El comunicado no aclara en dónde están esos hospitales, en qué estado se encuentran realmente las obras, cuánto dinero se ha invertido o cuánto falta. No hay desglose de especialidades, ni información sobre personal que se contratará. Solo números grandes para titulares.
Mientras tanto, los derechohabientes del IMSS siguen esperando en salas de urgencias saturadas, comprando medicinas de su bolsillo y viendo cómo su instituto de seguro social se mantiene en una cuerda floja. Un anuncio de 47 hospitales suena esperanzador. La realidad es que apenas siete funcionan.